Hoy no os traigo la reseña de
ningún libro. Hoy quiero compartir con vosotros una historia que escribí este
verano. ¡Espero que os guste! (aclaro que la historia es ficticia) J
UN 15 DE JULIO DE
1992
Eran las tres de la tarde cuando
el sol se escondía detrás de montones de nubes grises para dar paso a una gran
tempestad. Me levante para bajar las persianas y quedarme en la oscura soledad.
Los niños corrían por la calle evitando las primeras gotas de lluvia. Se empezó
a oír un pequeño ruido en el tejado. Hasta que después de unos minutos la
tormenta había empezado. Se oyeron truenos de los que hacia tiempo que no se
oían. Igual que la lluvia, mis mejillas se empezaron a empapar. No me di cuenta
de que estaba llorando hasta ese momento.
Me froté los ojos, me puse una
chaqueta gris y salí a la calle. El agua estaba cayendo sobre mí fuertemente. Todo
me daba igual, solo tenia una cosa en la cabeza, Carlos.
Empecé a correr i a correr, mis
pies me dolían y mi pelo castaño caía en mis hombros dejando tras de mi
pequeños chorros de agua. Mire el reloj, ya eran las cuatro. El tiempo pasaba
rápido y ya no había tiempo.
Hice un último esfuerzo y corrí
con un poco más de velocidad. A kilómetros de mi se alzaba la enorme estación
de trenes de mi ciudad.
No podía dejar que el amor de mi
vida se fuese sin saber que yo le había estado queriendo durante tanto tiempo.
Siempre había sido una chica
entre las sombras, nunca nadie se daba cuenta de que estaba en los sitios y no
me gustaba hablar mucho.
Sin darme cuenta ya había
llegado, pero entonces después de dar un par de vueltas dentro de la estación,
me di cuenta que mi esfuerzo había sido inútil. Nada me hacia pensar que él me
quería.
Lo que más me dolía era que ese
chico, al que siempre había amado se había ido para siempre y ya no volvería
jamás.
Después de pensarlo mucho quizás
fue mejor así, porque no sé si hubiera podido aceptar su rechazo.
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