sábado, 12 de enero de 2013


Hoy no os traigo la reseña de ningún libro. Hoy quiero compartir con vosotros una historia que escribí este verano. ¡Espero que os guste! (aclaro que la historia es ficticia) 

UN 15 DE JULIO DE 1992

Eran las tres de la tarde cuando el sol se escondía detrás de montones de nubes grises para dar paso a una gran tempestad. Me levante para bajar las persianas y quedarme en la oscura soledad. Los niños corrían por la calle evitando las primeras gotas de lluvia. Se empezó a oír un pequeño ruido en el tejado. Hasta que después de unos minutos la tormenta había empezado. Se oyeron truenos de los que hacia tiempo que no se oían. Igual que la lluvia, mis mejillas se empezaron a empapar. No me di cuenta de que estaba llorando hasta ese momento.
Me froté los ojos, me puse una chaqueta gris y salí a la calle. El agua estaba cayendo sobre mí fuertemente. Todo me daba igual, solo tenia una cosa en la cabeza, Carlos.
Empecé a correr i a correr, mis pies me dolían y mi pelo castaño caía en mis hombros dejando tras de mi pequeños chorros de agua. Mire el reloj, ya eran las cuatro. El tiempo pasaba rápido y ya no había tiempo.
Hice un último esfuerzo y corrí con un poco más de velocidad. A kilómetros de mi se alzaba la enorme estación de trenes de mi ciudad.
No podía dejar que el amor de mi vida se fuese sin saber que yo le había estado queriendo durante tanto tiempo.
Siempre había sido una chica entre las sombras, nunca nadie se daba cuenta de que estaba en los sitios y no me gustaba hablar mucho.
Sin darme cuenta ya había llegado, pero entonces después de dar un par de vueltas dentro de la estación, me di cuenta que mi esfuerzo había sido inútil. Nada me hacia pensar que él me quería.
Lo que más me dolía era que ese chico, al que siempre había amado se había ido para siempre y ya no volvería jamás.
Después de pensarlo mucho quizás fue mejor así, porque no sé si hubiera podido aceptar su rechazo. 

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